martes, 3 de noviembre de 2026

Candanchu - Aspe - Lizara (24-10-2026)

Por fin parecía que el gafe que tenía con Pirineos me iba a permitir salir de ruta con el grupo de Tecnalios tras unos cuantos años. Me había juntado con ellos en sus incursiones por el Guadarrama pero desde 2021 por unas o por otras me había ido cayendo de los planes. Pero está vez sí, pese a que una rodilla me había dado algún susto el finde anterior, todo pintaba a que ir, al menos iba a ir.

Me recogieron los Garrido bros con sus moños y sus músculos y enfilamos la A-2 sin parar de hablar (ellos, yo menos). Con una breve parada llegando a Huesca donde me puse al volante y otra en Canfranc para comprar un imprescindible desodorante, llegamos a Candanchú ya de noche, con 3 grados y bajo una suave lluvia.

Koldo y Pablo ya nos estaban esperando en el albergue refugio Pepe Garcés, lugar un tanto desangelado y sin ese carácter montañero que suelen tener los refugios de montaña. El amable responsable nos dijo que mayoritariamente alojan a colegios que vienen a esquiar en invierno y durante el verano a montañeros o senderistas del GR-11, Senda de Camille, etc...

La cena a base de alubias fue excesiva para no habernos movido en las últimas 5 horas pero nos dormimos rápido en una habitación solo para nosotros con baño propio.

Despertamos aún de noche y comprobamos que a partir de los 2000 metros había una a priori fina capa de nieve que cubría todo. Por lo demás el día prometía.

Al Aspe desde Candanchú puede subirse por el collado de Tortiellas o por el circo del Aspe, y habíamos escogido esta segunda opción por dejar atrás los hierros de la estación antes que la otra.

Desayunamos fuerte y enfilamos hacia las pistas de esquí de Candanchú hacia el oeste. Dejamos a la izquierda la zapatilla y su famoso tubo y empezamos a subir a la Golocha de Esper, que he visto que es la zona de fuera pistas de Loma Verde. En la cueva de los contrabandistas el camino gira 180º para subir e ir cogiendo altura en dirección al circo del Aspe. El terreno se convierte en un karst lleno de grietas que ralentiza el avance y más si esta cubierto de nieve como era el caso. Al menos los innumerables sarrios nos entretenían.


El circo del Aspe se abrió ante nosotros mostrándonos una cara alpina que yo al menos no esperaba. Que no nos engañen los poco más de 2600 metros de altura máxima. Aquí hay miga montañera. La tripleta de Llena del Bozo, Llena de la Garganta y Aspe y los collados que los separan ofrece emociones fuertes a quien las desee. Continuamos a media ladera maravillándonos con las vistas y un poco nerviosos porque el collado solo era accesible a través de un corredor que parecía bastante empinado y se hallaba cubierto de nieve blanda, constituyendo un terreno mixto no muy favorable.

Corredor sur al collado del Aspe

Al pie del corredor analizamos por donde se podría subir mejor y nos pegamos a la pared derecha. Por allí, poco a poco y sin usar los crampones ya que el estado de la nieve no lo pedía, fuimos progresando salvando con cautela los pasos con más patio. Poco a poco la pendiente se suavizaba y llegamos al collado de la garganta del Aspe, desde donde pudimos apreciar la cara sur y el verde valle de Aisa.


Pero antes de bajar de nuevo deberíamos culminar la subida al Aspe. Desde el collado aún no se aprecia el hito cimero sino una antecima que en forma puntiaguda se asoma al circo. La subida solo se dificulta por el terreno karstico y sobre todo en la bajada a una grieta que antecede a la cima real, donde hay que echar mano tanto en la bajada como en la subida previa a la rampa cimera. Una vez allí el viento hizo acto de presencia por primera vez pero disfrutamos de las vistas impresionantes en todas las direcciones. Pico huidizo que no se deja ver fácilmente desde el lado español (si desde el francés como comprobaríamos al día siguiente) y con poca prominencia comparado con sus vecinos Bisaurin y Collarada pero que una vez arriba se descubre como un pico importante del pirineo occidental. Tenía una espinita clavada ya que para los jacetanos es un pico importante, supongo por presidir la muy querida estación de Candanchú.


Tras unos 20 minutos bajamos al collado y poco a poco fuimos descubriendo que la alegre bajada hacia el sur que esperábamos tenia poco parecido con la realidad. El terreno karstico que habíamos encontrado durante un rato en la subida se convierte en esta vertiente en un laberinto de rocas resbaladizas y grietas. La ruta no estaba clara por la nieve caída y nos dividimos en dos grupos, ninguno de los cuales logró encontrar una senda cómoda. Koldo y yo tuvimos que destrepar una par de veces y de ir esquivando profundas grietas a veces cubiertas por la nieve. El ritmo era lentísimo, agónico, y la amenaza de la falta de luz empezaba a cernirse sobre nuestras cabezas. Tras reagruparnos y sin ver un final cercano al terreno karstico decidimos parar a comer (hasta ahora solo frutos secos y gominolas) y tomar aire. Realmente lo necesitábamos física y psicológicamente.

Tras retomar la ruta, afortunadamente en media hora empezamos a ver la luz y poco a poco el karst dejó paso a una bajada en zetas hasta la zona de La Cleta por un terreno más pedregoso pero sin duda más caminable. Con paso ligero y temiendo por mis maltrechas rodillas descendimos hasta la zona de prado, donde antes de llegar a un abrevadero tomamos un camino para no tener que bajar del todo y conectar con la subida al collado del Bozo. A la derecha, el collado de Wallon o Nazapal se erguía orgulloso como otra puerta de entrada al circo del Aspe donde habíamos estado hace unas horas.


La subida al collado del Bozo es corta y con poco desnivel, pero estábamos ya bastante cansados y se me hizo dura. En lo alto del collado y ya con el sol bajo, la visión del refugio de Lizara nos quito las penas y bajamos hablando alegremente para en poco más de una hora entrar por la puerta del refugio justo a tiempo para ducharnos y cenar.


Al final unas 10 horas de ruta por un terreno precioso pero complicado. Paliza de día en una ruta que subestimamos por el terreno y las condiciones pero en la que disfrutamos como siempre solemos hacer por aqui.

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