jueves, 15 de marzo de 2012

Senda del Batallón Alpino y Hermana Menor

Integrantes: Antoñito Alcántara, Jaimolas
Fechas: 4 de Marzo del 2012
Sector: Sierra de Guadarrama
 
Había que romper la ya demasiado larga sequía de subidas a la Sierra, así que el C.A.R.A. se reunió, habló y decidió subir a Cotos el día 4 de Marzo de 2012. Los dichosos exámenes nos habían impedido subir antes y había que aprovechar la nieve recién caída antes de que el previsible calor de Marzo la fundiera por completo. Lo malo es que esto mismo lo iban a pensar unos cuantos miles de madrileños y habría que madrugar. Los dominguers no suponían un problema ya que suelen subir mucho más tarde, pero los montañeros pros, grupo en el que por supuesto nos posicionamos, están dispuestos a levantarse a las horas del gato con tal de pillar nieve fresca y dura. Así pues, había que madrugar, eso estaba claro.

Las 7 en Manuel Becerra un sábado no parece una gran hora para empezar una actividad lúdica, y menos si la noche anterior has cenado fuera y tomado una mezcla de cerveza, chupitos de hierba y ginebra, pero las ganas apretaban y el madrugón se lleva mejor para subir a la sierra que para ir a currar. Con la nula preparación que nos acompaña normalmente nos pusimos en marcha sin agua, sin comida, con la esperanza de hacer acopio de ambos elementos en la tienda sherpa que es la Venta Marcelino.

Decir que nos jode bastante la masificación, con lo que pasábamos mucho de ir al circo de Peñalara, donde encontraríamos más gente que en la calle Preciados el 23 de Diciembre. Pocos días antes había investigado una ruta que mezclaba de manera idónea dos de mis grandes pasiones: la montaña y la historia. Y encontré la senda del batallón alpino.

Tras el estallido de la Guerra Civil española se instauraron numerosos frentes por todo el territorio español, debido al variado éxito y fracaso que obtuvieron los levantamientos en las distintas regiones. Castilla la Vieja cayó en manos de los nacionales, mientras que Madrid, que por entonces pertenecía a Castilla la Nueva, pudo resistir y mantuvo el mando republicano hasta casi el final de la guerra. La frontera entre ambos territorios se situó en el sitio más lógico, la Sierra de Guadarrama, y los puertos y las cumbres cobraron una gran importancia. En un primer momento, los republicanos se mantuvieron en los pueblos serranos y las cumbres y se formo el llamado Batallón Alpino, compuesto por esquiadores y lugareños de los pueblos de la zona, acostumbrados al frio y la nieve y conocedores de los parajes serranos. Uno de los mejores balcones de la Sierra lo compone Peña Cítores, atalaya avanzada sobre la entonces rebelde ciudad de Segovia y La Granja de San Ildefonso, y allí se instalaron trincheras y nidos de ametralladoras para mantener a raya al bando nacional. Las condiciones invernales en aquellos años debían ser terribles, en primer lugar porque nevaba más y en segundo porque no existían los gore-tech, polar-tech, mega – tech y demás mierdas que hoy en día nos cubren del frío. Supongo que lo suplirían con huevos y caldo de pollo, porque aquí se mantuvieron más o menos en condiciones hasta bien entrada la guerra. También he de decir que no fue un frente muy activo, y que el batallón alpino no tuvo que entrar mucho en combate. Por cierto, si alguien quiere leer algo sobre la guerra en esta zona, el libro “Por quién doblan las campanas” de Hemingway, describe muy bien la vida durante la guerra en esta zona.

Llegamos a Cotos un poco pasadas las 08:00 AM, para descubrir que nos habíamos pasado un poco de cagaprisas, porque no estaba lleno ni la mitad del parking. Ha nevado muy poco en el Guadarrama este año, lo cual ha hecho que Valdesquí esté hecho una mierda y que los esquiadores se queden en su casa o se desplacen a La Pinilla u otros sitios más alejados. Pese a todo, nos pusimos las botas y preparamos las mochilas en un ambientillo montañero muy chulo antes de dirigirnos a Venta Marcelino para darnos cuenta de que el cabronías no había abierto aún y de que no teníamos ni comida (más allá de una napolitana de chocolate) ni bebida. Afortunadamente en la parte trasera había unas máquinas de vending en la que compramos dos botellas de agua pequeñas como solución última. Sí, todo muy montañero.

La niebla invadía el bosque

 Con el sueño aún metido de lleno en los ojos y los músculos, emprendimos el camino hacia el chalet alpino, comprobando que había nevado unos 5-10 cm la noche pasada, y que el avance iba a ser dificultoso. A la derecha del Chalet salen unas escaleras que cogimos y que nos dejaron en el mirador de Lucio (si mal no recuerdo) desde donde se contempla Valdesquí, las Cabezas de Hierro y el puerto de Cotos. Una senda nace un poco más arriba y unos círculos amarillos iguales a los de la autopi…perdón, el camino Schmid nos marcan el camino. La niebla dominaba aún el puerto y la atmósfera era tétrica en el bosque de pinos aunque muy bonita. En leve subida la trocha atraviesa este bosque que no se si meter en Valsaín o en el pinar de los Belgas porque es justamente el istmo arbóreo que comunica los dos grandes pinares de la Sierra. Oyendo el repiqueteo de un pájaro carpintero y hundiendo las botas en la nieve fresca, el bosque dejó paso a los pastos, donde fuimos conscientes de que, o la niebla levantaba, o el día de hoy iba a ser bastante absurdo ya que no se veía ya a más de 10 metros.

El sol lucha por dejarse ver

La pendiente aumentaba y empecé a notar los efectos de la noche anterior, no me encontraba demasiado bien físicamente y Antoñito el vigoréxico me cogió unos metros de ventaja. El piorno lo invadía todo y si salías de la senda te hundías en ellos. Atravesamos algún cortafuegos con buena pendiente que, con nieve dura nos forzaría a calzarnos los crampones. Sin embargo, la nieve estaba muy blanda aún tan temprano. Paso a paso, llegamos a lo que pensábamos que era el collado entre Peña Cítores y la Hermana menor. Digo pensábamos porque lo único que notamos fue que la pendiente se acababa, porque ver, lo que se dice ver no veíamos mucho. Allí había mucha más nieve, y en ocasiones nos hundíamos por las rodillas o incluso más así que aprovechamos para hacer una de las cosas que más nos gusta hacer: el imbécil.
Pero tras avanzar 200 metros, la cosa dejó de hacer gracia. No sabíamos por donde seguir (nuestra idea era alcanzar el Chozo Arangüez, en la falda Norte de Peñalara) y el avance era muy difícil ya que cada paso que dábamos nos hundíamos en la nieve. Tampoco parecía buena idea subir a Peña Cítores sin saber siquiera donde estaba (si, vale, llevábamos brújula y mapa, pero no era plan). Un pequeño valle descendía en altura hacia quién sabe dónde y, ya que no teníamos mucho que hacer y no eran aún ni las 10 de la mañana, probamos a cogerlo. Mala idea. Se había acumulado aún más nieve y en ocasiones nos hundíamos hasta la cintura. Para más INRI, un arroyuelo discurría bajo el manto níveo y cuando metíamos la pata hasta el fondo, nos calábamos las botas. Era a la vez estúpido e incomodo, pero seguimos bajando un rato hasta que fuimos conscientes que aquello no tenía ni pizca de sentido, cuando decidimos desandar nuestros pasos por la pequeña vaguada.

La última cuesta antes del collado
Tras 20 minutos de tedioso esfuerzo y risas estúpidas, alcanzamos de nuevo la zona del collado y empezamos a oir unas voces que nos indicaban que no estábamos solos. La niebla seguía baja y tupida de modo que nos impedía ver donde estábamos y la gente que se acercaba. Anduvimos sin rumbo unos minutos entre la niebla, incapaces de encontrar nuestros propios pasos de subida en la nieve, hasta que se me ocurrió sacar el SportsTracker, que perfectamente nos ayudó a orientarnos y a recuperar nuestra huella de subida. Asumiendo el fracaso del día, enfilamos hacia el puerto pensando en que hacer el resto de la mañana. Sin embargo, cuando atravesábamos uno de los cortafuegos, aún cerca del collado de Peña Cítores, sorprendentemente el cielo abrió y pudimos ver por fin el sol y la ladera opuesta de la Loma del Noruego. Sin dudarlo un instante, deshicimos nuestros pasos para volver al collado, donde el cielo era ahora azul, la niebla se había disipado, y el camino a la Peña aparecía claro ante nuestros ojos. También veíamos al grupo de montañeros, que parecía estar haciendo una especie de curso. Giramos hacia el W en el collado para alcanzar en pocos metros una construcción circular de unos 20 metros de diámetro que bien podría ser los restos de un corral de pastores o algún resto de la misma guerra. Continuamos hacia la cima haciendo un poco de “piorning” y en unos minutos la alcanzamos.

Nieve blandita y en abundancia
Las nubes corrían a menor altura, atravesando el puerto de los Cotos y trasladándose del valle de Valsaín al alto Lozoya y dejando ver las cumbres de la cuerda larga y hasta el puerto de Navacerrada. El sol iluminaba y hacía brillar la nieve de las alturas, y los pinares de Valsaín semejaban un mar de vegetación en los valles. Realmente la vista desde Peña Cítores es una de las mejores de toda la sierra, y merece la pena subir hasta aquí únicamente por ella. Descansamos un rato disfrutando de la panorámica del valle e identificando las ya muy familiares montañas, dando gracias por estar tan cerca de un paraje así. Realmente la figura del Parque Nacional se entiende del todo desde sitios como este y parece más sangrante la limitación del mismo únicamente a las cumbres, cuando gran parte del ecosistema serrano son los bosques que tapizan los valles y laderas, y sin los que el Guadarrama no tiene sentido.

Vistas desde Peña Cítores
Dos hermanas
Un poco más abajo pueden verse la línea de trincheras, pero no íbamos demasiado bien de tiempo y pasamos de bajar, otro día tendremos oportunidad. Habíamos perdido mucho tiempo y si queríamos llegar a comer la visita al Chozo Arangüez debía de posponerse. Así ya tenemos otra excusa para subir al monte. Con la mirada exploramos la zona del collado, y optamos por subir a la hermana menor por una vaguada que discurre entre ambas hermanas. Estaba bien de nieve, y no era tan dura como la que nos había impedido avanzar antes (y menos mal, porque ahora, con visibilidad perfecta, vimos que el vallecillo por el que avanzamos unos metros nos bajaba hasta el bosque directos). Eso si, hacía un solazo espléndido, y, sin abrigos, nos tumbamos un rato en una pared de nieve de una altura considerable a tomar el sol y disfrutar del silencio, que reinaba en toda la zona. Tras unos minutos de relax, emprendimos la larga subida por la vaguada, sin usar los crampones ya que la nieve estaba muy bien y la pendiente no era fuerte. En lo alto pudimos ver a un sujeto haciendo Kite-sky, aunque no parecía muy entretenido, sinceramente.

El amigo del kite-ski

Alcanzamos la cuerda en unos minutos y cogimos el camino normal a Peñalara, saturado a estas horas de gente que subía, cada uno con su equipo: unos con crampones casi desde el puerto, otro con jersey de cuello de pico, camisa, gafas de sol fashion y chinos…en fin, lo que no se vea en estas montañas no se ve en ningún lado… Y ya al llegar al puerto el absoluto circo de los domingueros, algo que prefiero ni siquiera comentar. Ojalá cerraran los accesos en el Paular y Navacerrada Pueblo y pusiesen autobuses o algún transporte, porque la masificación y banalización de estos montes no ayuda nada a su conservación. El cabronías de Marcelino si que estaba abierto ahora, asi que nos tomamos un pincho y una caña y nos fuimos a disfrutar de una rica barbacoa no muy lejos de allí…pero eso es ya otra historia.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Pico del Nevero por las hoyas de Pinilla

Integrantes: Antoñito Alcántara, Jaimolas
Fechas: 11 de Marzo del 2012
Sector: Sierra de Guadarrama


Las altas temperaturas de estos días incitan a pasar el día fuera de casa. Por otro lado, amenazan con acabar con la poca nieve que aún acumulan las montañas de la sierra, que ya de por sí es muy poca para esta época del año. Con lo que animado por estos dos factores, el C.A.R.A se propuso hacer una salidita y ver si eramos capaces de romper con una tradición: la de madrugar a horas intempestivas y hacer rutas tan largas que luego te impiden moverte del sofá durante toda la tarde. Además, ese día había movilizaciones contra la reforma laboral, así que qué mejor que luchar contra el fascismo y el capital que en la cumbres, como nos gusta hacer a nosotros (ruego que esta última frase no se tome muy en serio, gracias queridos lectores).

Con estas premisas, la expedición salió a las 09:00 de la mañana de Manuel Becerra (si, 09:00 de la mañana no es madrugar para ir a la sierra). Oye, un poco dominguero si que es, pero también viene bien dormir una horillas de más antes de hacer una ruta. El destino era nuevo. Por una vez no nos dirigíamos por la A-6 o la carretera de Colmenar para dar con nuestras piernas en la Cuerda Larga, Peñalara o Siete Picos, sino que tomaríamos la A-1 con dirección al puerto de Navafría, para posteriormente subir al pico del Nevero, faro indiscutible de los Montes Carpetanos, que discurren entre Peñalara y el Puerto de Somosierra.

Con un grato cambio de modelito en Antoñito y un renovado A-4 perfectamente limpio por dentro y por fuera (poco duraría en ese estado), nos dirigimos hasta el pueblo del Lozoya en el valle del mismo nombre. Este amplio valle se encuentra entre los Montes Carpetanos y la línea formada por La Cuerda Larga y sierras de La Morcuera y La Cabrera, y supone una zona que no esperas encontrar en la masificada Comunidad de Madrid. Rodeado de altas montañas con gran cantidad de nieve durante muchos meses al año (este año es una excepción) y surcado por el río Lozoya que da de beber a gran parte de los madrileños, perteneció a Segovia durante gran parte de su historia, alberga numerosos pueblos con encanto y sin las hordas de turistas de los pueblos del valle del Guadarrama. Se tarda más en llegar a ellos (aproximadamente 1 hora) pero merece la pena la incursión para disfrutar del paisaje y la tranquilidad de esta comarca de montaña.

Vistas del Valle del Lozoya desde el mirador de Peñalacabra

Al llegar al pueblo de Lozoya, cogemos la desviación al puerto de Navafría, sin duda el más desconocido de los puertos que unen la provincia de Segovia con la de Madrid. Una serpenteante carretera abandona las últimas casas del pueblo para adentrarse en un robledal que tras unos kilómetros dejará paso a un tupido bosque de pinos. Dejando de lado un par de áreas recreativas perfectas para comer en los cálidos días de veranos por fin llegamos a la de Las Lagunillas, donde aparcamos el coche a eso de las 10:15 de la mañana.

Nos aplicamos una magdalena de desayuno, nos pusimos las botas, enchufamos el Sport-tracker que tan buenos resultados nos está dando y echamos a andar por una pista horizontal que sale al SW del parking que, tras unos pocos metros atraviesa una valla metálica. La pista discurre entre pinos, pero no nos dimos cuenta de que era demasiado horizontal e incluso de bajada hasta que fue demasiado tarde. Entretenidos con las esplendidas vistas del valle del Lozoya y los constantes arroyos que aún con esta sequía bajaban de las cumbres, únicamente nos planteamos que la senda no era la correcta cuando ya habíamos descendido unos cientos de metros. Tocaba subir campo a través por el cauce de un arroyo y ascendimos casi en línea recta hasta el mirador de Peña la Cabra guiándonos por su inconfundible barandilla metálica.

Sudando un poco la gota gorda y maldiciéndonos a nosotros mismos por complicar una ruta sencilla, por fín llegamos al mirador desde donde se contemplan unas magníficas vistas del embalse de Pinilla, el pueblo de Lozoya y las sierras de la Morcuera y Canencia. Tras unas fotos con una cámara Reflex de la época de la Guerra Civil, continuamos nuestra ruta, ahora en horizontal hacia el SW acercándonos hacia el circo de Pinilla. Tan solo nos acompañaba un montañero de avanzada edad que, viendo que nuestro ritmo era más alto nos dejó pasar justo antes de atravesar un nevero que aún se conservaba. Subimos entre rocas y arroyuelos hasta el circo del Nevero, donde las lagunillas aún estaban medio heladas. Este circo es un sitio realmente interesante, una especie de circo de Peñalara en miniatura, que puede servir como alternativa para los días en los que el puerto de Cotos se pone hasta arriba, que en estas fechas y con este tiempo son todos o casi todos. Nuestra idea, pese a llevar los crampones y piolets a la espalda era subir por la ruta normal, pero nos dimos cuenta de que aún había algún corredor apto para subir desde el circo y a ello nos pusimos.

Cualquier excusa es buena para ponerse los bártulos

La nieve estaba muy blanda y resbaladiza y, tras unos primeros metros de intentar subir sin crampones, nos los calzamos y reanudamos la ascensión con ellos puestos. Subiendo en zig-zag por la pronunciada pendiente había que ir con cuidado ya que la nieve, suelta y resbaladiza amenazaba con desprenderse a cada paso. Clavando los pinchos con mucha atención y ayudándonos con el piolet por el lado de la montaña llegamos a un punto donde se hizo aconsejable pasar a subir en perpendicular a la pendiente, clavando las puntas y ayudándonos con el piolet en modo pico (muy técnico ¿eh?). Por fin, tras algún momento de adrenalina al mirar hacia abajo, llegamos a la zona donde la pendiente se suavizaba y la nieve desaparecía, donde nos quitamos los bártulos y saludamos a otro grupo que se hallaba en la cima. Sólo espero que la Reflex de Ant siga funcionando y que las fotos salgan bien porque en ese caso voy a tener unas cuantas fotacas atestiguando mis aptitudes alpinas.

Había una hostieja fina, eso si.

Dimos buena cuenta del montadito de jamón serrano mientras disfrutábamos de las fantásticas vistas: La Cuerda larga, la Bola del Mundo, la mejor visión de Peñalara que hay desde la sierra, el valle, el embalse y al norte la meseta castellana con los picos de Urbión y la sierra de la demanda al fondo y los pinares de Navafría a nuestros pies.
La mejor vista de Peñalara se tiene desde aquí.
Tras acercarnos al vértice geodésico y hacer un poco el mongolo tal y como es tradición empezó a llegar algún grupo a la cima y cuando levantamos la vista, por el camino del puerto venía una auténtica manifestación. Asi que cogimos las cosas y nos encaminamos hacia el puerto por la vía directa, es decir, por toda la cuerda. Subía una barbaridad de gente, y Antoñito insistía en saludarlos a todos hasta que recapacitó y renunció a la premisa básica del C.A.R.A. de saludar por el monte a todo el mundo.

Los pinares de Navafría
Esta vía de subida es mucho más aburrida que la que cogimos nosotros, ves ambas zonas de la sierra, pero es un camino monótono con mas pendiente y mucho menos bonito. La parte final transcurre entre pinos, pero es un cortafuegos más que un camino, sin ninguna zeta que aplaque un poco la pronunciada pendiente. Acelerando el ritmo para pasar la tediosa bajada, llegamos pronto al puerto, que está flanqueado por bosques de pinos. Bajando un kilometrillo por la carretera volvimos al coche, en donde estábamos a las 13:15.

En resumen, una bonita ruta por una zona bastante desconocida del Guadarrama en donde, si no te encuentras con alguna excursión masiva como en nuestro caso, puedes olvidarte de la muchedumbre de Madrid. Los pinares del lado segoviano quedan por descubrir, pero prometen ser una gran ruta por ejemplo cuando el calor del verano apriete. Además creo que hay un área para hacer barbacoas y unas piscinas naturales, habrá que investigar…
El puerto donde acabó todo...

lunes, 16 de enero de 2012

Subida al Almanzor y La Galana (19-20/08/11)

Integrantes: Antoñito Alcántara, Jaimolas
Fechas: 19-20 de Agosto del 2011
Sector: Sierra de Gredos (Ávila)
Después de disfrutar de una copiosa comida en el CIEMAT y pagada en gran parte por los millones de currantes de este país, a eso de las 15:30 del viernes 19 de Agosto estábamos saliendo en el Audi A4 hacía Gredos. No íbamos en nuestras mejores condiciones físicas, ya que, a la baja forma habitual en esta época del año, se unían dos dolores de garganta y en el caso de Ant acompañado por síntomas que hacían presagiar un buen constipado. Pero el C.A.R.A. no se arredra ante nada o ante casi nada y desafiando el calor, las obras en la A-6 y la propia salud, enfilamos hacia el túnel del Guadarrama con mucha ilusión en nuestros corazones. Decir que Ant ya subió el año pasado con otro grupo y que entre su experiencia, mis mapas y los blogs de Internet consultados llevábamos suficiente información como para subir el Almanzor con una venda en los ojos.

Tras pagar el peaje y pasar Ávila, el agua ingerida en la comida hizo su efecto y nos obligó a parar en medio de la estepa abulense para regar el en esta época seco campo castellano. Ascendimos la sierra de la Paramera y bajamos al valle del Alberche y por fin cogimos la desviación que nos llevaría a Hoyos del Espino, ya en pleno valle del Tormes. El paisaje se iba haciendo mas arisco y comentábamos el frío que debía campar por aquí por enero – febrero. 
Atravesamos Navarredonda de Gredos y Hoyos del Espino, con más vida que los pueblos anteriores motivada por el parador de Gredos y por el mismo parque natural. Por fin enlazamos con la carretera de la plataforma y recorrimos los 12 kilómetros que separan el pueblo de la misma en un santiamén. A las 17:20 llegamos a la plataforma y aparcamos muy cerca del bar ya que, a pesar de ser Agosto, a esas horas la mayoría de los dominguers que van a pasar el día en las cercanías de la laguna ya se habían ido. Nos pusimos los atuendos de montañeros, metimos y sacamos de las mochilas lo necesario, y justo cuando cerraba el coche, nos dimos cuenta de que no habíamos comprado pan para avituallarnos el día siguiente a mediodía. Lo preparas todo a la perfección y fallas justo en lo más básico. Afortunadamente, el dueño del bar de la plataforma nos vendió amablemente una hogaza de pan que nos vino de perlas.

Agosto en Castilla es lo que tiene

Cogimos el camino empedrado que sube hacia Los Barrerones: al principio va en fuerte subida que luego se allana al llegar al prado de las Pozas y quedar a la derecha un refugio del que desconozco el nombre. El ritmo habitual del C.A.R.A. unido a la falta de forma me empezó a pasar factura y como, para no desentonar, obviamente no habíamos calentado una mierda, tuve que recuperar el aliento en el llano. Poco a poco el terreno se volvía a empinar y, mientras que nos cruzábamos a familias que nos avisaban lo mucho que nos quedaba y adelantábamos a excursionistas, nos fuimos acercando a la cota más alta del día. Una fuente de agua bien fresquita precedía a la cima del día y tras unos minutos de llaneo apareció el mirador sobre el circo de Gredos que una cabra con buenos cuernos y un panel informativo adornaban. La vista es preciosa y pasamos unos minutillos haciendo fotos e identificando los picos que teníamos delante. La cabra se había cogido un buen sitio para descansar y me acerqué a ella pese a sus grandes cuernos que me amenazaban. Lleno de valor estoy.


Gran sitio se buscó la cabra




El circo de Gredos desde los Barrerones

La larga senda desciende haciendo curvas hacia la laguna y descendiendo por ella nos cruzamos con algún pro con mucha pinta de subir y bajar corriendo. Repostamos en otra fuente con agua muy rica. 
A la ida este camino se hace mas llevadero ya que vas disfrutando de las vistas pero a la vuelta se convierte en un coñazo rollo camino Schmidt pero mas duro. El calor no era asfixiante y proseguimos nuestro camino rodeando la laguna por la izquierda y acercándonos cada vez más al refugio Elola. Atravesamos el cauce seco de un río y por fin llegamos al refugio donde hicimos el “check in” y Antoñito intentó colar la trola de que éramos federados haciendo honor a su fama de embaucador. Solventado el malentendido, dejamos las mochilas en las taquillas, nos cambiamos y nos sentamos en la terraza esperando a que sirvieran la cena.

El refugio está en muy buenas condiciones. Tiene 3 habitaciones grandes equipadas con literas con colchonetas, almohadas y mantas donde caben unas 65 personas. El comedor está en la planta baja y la cocina, bar y recepción completan los servicios al montañero. Los posters, imágenes y equipo de montaña dan un ambiente muy agradable y las vistas desde la terraza son impresionantes. Lo único malo son los baños, ya que no hay inodoros y sí agujeros en el suelo para acertar a mear o truñar. Pero oye, estas en alta montaña, no hay que ser señorito.
Así que mientras disfrutábamos de las vistas, fuimos estudiando a los compañeros de refugio, entre los que destacaban una pareja de chicas que parecían agradables, una pareja de semi-dominguers ya un poco talluditos, una pareja joven y el grupo que regentaba el refugio que eran casi mas que los huéspedes. Entre ellos estaban los 2 o 3 que llevaban la voz cantantes, gente joven muy en forma y con pinta de vascos de la meseta, con atuendo montañero. Alrededor de ellos circulaban un padre con sus hijos, una chica que era la encargada de la cocina y un sujeto de edad cercana a los 20 años con cara de retrasado mental y maneras coincidentes con su cara. Empezó a alardear de su ascensión del día ante la pareja de chicas y fue humillantemente ninguneado por uno de los del refugio con lo que vimos que nuestra opinión acerca del sujeto no era la excepción. Decidimos que si llevaba la voz cantante del grupo, optaríamos por comportarnos de manera social clase-A. También correteaban unos perrillos y unos caballos que suponemos que eran los que llevaban y traían todos los alimentos y materiales que el refugio precisaba.

Nos llamaron a cenar cuando estábamos dando una vuelta de reconocimiento por los alrededores y cuando entramos al comedor ya estaba todo el mundo sentado en sus sitios, que estaban fijados para cada uno con una nota. Nos sentamos con las dos chicas y la pareja mayor y dimos buena cuenta de los macarrones y la carne con puré que nos pusieron delante. La conversación era muy agradable y se nos pasó volando el tiempo cuando entraron más huéspedes al refugio y la pareja mayor se fue con ellos ya que habían quedado con ellos de antes. Las dos chicas, Alicia y Ana, eran de Ontinyent y Alicante respectivamente y eran muy majas. Jugamos un cinquillo que no triunfó mucho y luego Antonio robó un parchís a los niños del refugio (que feo, robar sus juguetes a los pobres niños). Tras una partidita iluminada con el frontal de Ant, nos lavamos los dientes y nos fuimos a sobarla a eso de las 23:30. El saco y los tapones que había llevado me facilitaron mucho la tarea de conciliar el sueño e, ignorando los ronquidos de los compañeros me sobé hasta la mañana siguiente.

A las 07:15 la luz que entraba por la ventana nos despertó y nos pusimos en pie. Recogimos el saco y el resto de bártulos y después de cambiarnos y ponernos guapos desayunamos un cola cao con galletas y pan con mermelada. Tras un paso por el baño bien necesario y comprobar que el día iba a ser muy bueno, echamos a andar de los primeros y en unos minutos nos colocamos a la cabeza (o eso pensábamos) de los montañeros.
 
El sol se intuye por el E
El comienzo de la ascensión es sencillo y discurre entre rocas pero la pendiente no es aún fuerte. Tras rodear un promontorio rocoso por la derecha y pasar varias charcas pequeñas, un giro a la izquierda nos dejó al comienzo del gran canchal que desemboca en la portilla Bermeja. Decir que los bastones que tanta gente lleva nos parecen absolutamente un coñazo para este tipo de rutas. Comenzamos a subir por los grandes bloques de piedra y de cuando en cuando alguna cabra montes se asomaba para huir rápidamente. El paisaje mirando hacia atrás y hacia la izquierda es imponente, y vas ganando altura con gran esfuerzo de manera rápida. Más o menos a mitad de camino llegamos a un nevero que aún sobrevivía del duro invierno, que en estos parajes debe ser muy exigente. Hicimos un alto para descansar y beber agua y proseguimos a enfrentarnos con la parte más dura de la ascensión, donde la pendiente se hace aún mas dura y los bloques de piedra son más inestables, creciendo el riesgo de desprendimiento, con lo que es necesario dejar una distancia de seguridad entre la persona que te precede. Sufriendo y eligiendo la ruta menos empinada y peligrosa para subir, nos fuimos aproximando al punto donde el canchal se divide en dos ramales: el de la izquierda continúa hasta la portilla bermeja y el de la derecha llega hasta la portilla de los crampones.
 
Última parte del ascenso a la plaza del moro Almanzor

Cogimos esta última opción y escalamos por el estrecho corredor que por fin nos dejó en la portilla, desde donde se pueden contemplar increíbles vistas de la cara Sur del macizo de Gredos y la submeseta sur.

El escenario es sobrecogedor e inmensos bloques de piedra granítica te flanquean a izquierda y derecha. Delante un abismo y detrás el corredor vertical te dejan poco espacio para la movilidad. Tras beber unos  tragos y hacer unas fotos afrontamos la trepada final a la pirámide cimera, no sin antes darnos cuenta de que no éramos los primeros en la cima, sino que la pareja de maduritos junto con sus dos amigos que si parecían mucho más habituados a estas alturas ya estaban arriba. Subimos por un flanco que no es el mejor, pero ayudándonos de las manos llegamos hasta arriba sin mas complicaciones, cruzándonos por el camino al grupo mencionado. Habíamos alcanzado la principal meta del día y tan solo en 90 minutos ya que eran las 10 de la mañana.
 
Impresionantes moles pétreas en la cima
Admiramos las vistas en las 4 direcciones: al Norte, el circo con la laguna, al E los tres hermanitos y el Morezon, al Oeste, la Galana y la dupla Ameal de Pablos- Risco Moreno y al Sur, las estribaciones sur de Gredos con Candeleda y Madrigal al fondo.

Por debajo venía apretando otro grupo (de la Vera y que decían que llevaban viendo toda la vida el Almanzor y ese día por fin lo subían) así que descendimos con cuidado por la teórica vía de acceso a la cima. La trepada y posterior destrepada no es complicada, pero hay gente que se queda abajo al no querer arriesgar. Realmente las vistas son muy parecidas desde la portilla y es mejor no arriesgar si no te ves con fuerzas y confianza.
Como era muy pronto y estábamos bien de fuerzas, nos dirigimos a La Galana, el segundo pico más alto de la Sierra de Gredos y el sistema Central. Cresteando fuimos superando rocas y paramos a hacer un descanso mirando el Almanzor donde nos tomamos unas piezas de fruta y un poco de chocolate que nos hizo volver a estar en plenitud de condiciones. Siguiendo a lo lejos a los dos acompañantes de la pareja y que se dirigían también a La Galana, llegamos hasta el collado del Venteadero, dominado por los restos de un chozo de pastores.
 
Vistas del Almanzor desde el collado del Venteadero
En ese punto estás al pie del Canchal de la Galana que parece un pico sencillito de abordar. Cruzamos en canchal que comparado con el del Almanzor es un juego de niños y llegamos a una especie de antecima, pero que está separada de la cima real por una grieta profunda que hay que bajar y luego volver a subir. En ese preciso momento descendían los dos que nos precedían y que nos orientaron sobre cómo afrontar el destrepe y posterior trepada. Dejamos las mochilas en un hueco y bajamos poniendo toda nuestra atención. Trepamos por una grieta en la roca y progresamos por una repisa con vistas a la laguna Cimera de 5 lagunas. Mejor no mirar abajo si se tiene vértigo ya que la caída es importante. Rodeando la cima por la izquierda y haciendo caso omiso de una cuerda, llegamos a arriba en una última trepada. La cima es muy pequeña y muy aérea y no nos demoramos demasiado arriba, únicamente para hacer unas fotos del Ameal de Pablos, el Almanzor y las 5 lagunas. El destrepe nos pareció más sencillo que la subida y nos plantamos en las mochilas en un pis-pas. Decir que la subida final a La Galana es notablemente más complicada que la del Almanzor y que la trepada, a pesar de no ser complicada si asusta un poco por el precipicio al que te asomas.
 
Una laguna de las 5 desde La Galana
Como nos daba la impresión de que los dos montañeros que nos precedían sabían lo que hacían, les seguimos en contra de la opinión de Toñito, descendiendo por la grieta (Muesca de La Galana) que separa la antecima de la cima. Es una canal muy estrecha y que te obliga a destrepar en varias ocasiones y echar el culo a tierra pero que te ahorra bastante tiempo con respecto a la ruta normal que te obliga a bajar del canchal y tomar la canal de los Geógrafos. Una vez que salimos de la canal (como mola ponerlo en femenino, pareces mucho más montañero) rodeamos el Ameal de Pablo por la derecha y andando a ratos y destrepando a otros, bajamos por fin al camino que habíamos tomado a la subida. Nos lanzamos tras la búsqueda de la Charca Esmeralda que habíamos dejado a la izquierda en la subida y, subiendo innecesariamente un canchal, por fin llegamos con el resto de los dominguers que habían subido a comer a la charca. Nos pegamos un baño como Dios manda (Antoñito ejerciendo su papel de exhibicionista, ya que insistió en bañarse en calzones) y nos tomamos un bocata de jamón y chorizo bien majo rodeados de gañanes que no paraban de gritar. Pero todo nos daba igual ya que habíamos completado nuestra meta del día.
 
Los tres hermanitos y el perro que fuma

Con los músculos un poco jodidos por el enfriamiento del baño, volvimos al refugio donde pagamos, recogimos los bártulos y estuvimos charlando con Alicia y Ana, que, aún siendo la primera experiencia en montaña de esta última, habían conseguido subir hasta la portilla del crampón. ¡Olé por ellas! No teníamos mucho más que hacer allí así que tras conversar con algún que otro montañero pro y recibir unos consejos sobre el Aneto y el Monte Perdido, emprendimos la subida a los Barrerones que, como ya nos habían avisado, se hizo larga. A una muy buena velocidad que marcaba Antoñito fuimos dejando atrás grupos de dominguers y no tan dominguers hasta que llegamos al mirador. Allí, a Toño se le piró la pinza y echó a correr y yo me quedé atrás hasta encontrarme con los dos que subieron a La Galana antes que nosotros. Eran majetes y conversando con ellos llegué hasta La Plataforma, donde Ant me estaba esperando con una buena cerveza. Tras felicitar a la maja de mi novia por su cumpleaños y ver que no se había mosqueado por mi tardanza debida a la falta de cobertura, nos montamos en el coche y emprendimos el regreso a Madrid pasando muy cerca de un incendio que amenazaba la preciosa zona de Navarrevisca, pueblo amo donde los haya mientras pensábamos que el siguiente reto del C.A.R.A. tras atacar el Aneto sería volver al Almanzor en invierno con los crampones y el Piolet.

No hay límites para el C.A.R.A., como bien podéis comprobar, queridos amigos.

domingo, 15 de enero de 2012

Cabezas de Hierro por la cara Norte (14-02-12)


Integrantes: Antoñito Alcántara, Jaimolas
Fecha: 14-01-2012
Sector: Guadarrama

Pese a la poca nieve acumulada en las laderas y cumbres del Guadarrama durante este invierno, el mono fue más grande y el sábado de buena mañana, nos plantamos en el aparcamiento de Cotos para patear un poquito y sacar a pasear si eran necesarios los pinchos y el piolet.
Daban nieve para el fin de semana y las cumbres aparecían cubiertas de bruma desde Moncloa, pero según nos acercabamos a Villalba y luego a Navacerrada, la agreste cumbre de la Maliciosa que nos recibe si nos acercamos desde la A-6 aparecía reluciente antes nuestros ojos. Eso si, sin nada de nieve, ¡que triste está la Sierra!
Tras el cafetito en Venta Marcelino y comprar una torta de anís de Rascafría que luego nos vendría muy bien, comenzamos a andar por la carretera de Valdesquí, equipados con todos los bártulos ya que arriba, en lo más alto, si se veía algo de blanco. Decir que el 99% de la gente que aparca en Cotos (que el sábado por la mañana son muchos) coge el camino de Peñalara, y que si se busca soledad, esta ruta o alguna de sus variantes es perfecta.

Peñalara sin casi nieve
Tras 10 minutillos bien cómodos por carretera debido a la ausencia de coches, se abre un camino a mano izquierda que cogemos y que en unos metros nos llevará al refugio Pingarrón, situado en un magnífico sitio desde donde se aprecia el valle del Lozoya. Con nieve, levantarse aquí y ver el amanecer debe ser un absoluto espectáculo (lo marcamos como pendiente). A la derecha sale una senda marcada como RP6 que en principio desciende hacia el arroyo que viene de Valdesquí, tras cruzarlo gira hacia nuestro destino y empieza a ascender hacia una loma. El camino discurre encajonado en el bosque del pinar de los belgas, de una belleza pasmosa y una soledad inapreciable para quien conoce las multitudes del Guadarrama.
Tras subir entre pinos comienza de nuevo a descender el camino hasta llegar a otro arroyo que cruzaremos por un puente. Es ahí donde hemos de abandonar la senda, que sigue valle abajo, y empezar a andar primero horizontalmente y luego siguiendo otro arroyuelo que nos llevará, en otros 10 minutos a la linde entre el bosque y la ladera pelada.
Una canchal de piedras que flanquea a un pequeño arroyo nos sirve como comienzo a la ascensión. Entretenidos de roca a roca, vamos viendo poco a poco zonas y charcas heladas que nos obligarán a extremar las precauciones. A lo lejos, más arriba, se aprecian neveros y cascadas heladas hacia las que nos dirigimos. Segun vamos ascendiendo las partes heladas aumentan y preciosas formaciones de hielo nos entretienen un rato.
El agua va transformándose en hielo según asciendes
Desde que sales del bosque se aprecian los dos pulmones (o riñones) de Cabezas de Hierro, entre los cuales tenemos intención de subir. Cuando ya estos son perfectamente reconocibles, a la derecha del derecho hay una pareja practicando escalada en hielo y a la izquierda, en unas cascadas mas grandes enmarcadas en el corredor central, varios grupos escalando. Nos quedamos un tiempo mirandoles y disfrutando y pensando que algún día nos animaremos a escalar, en roca y en hielo.
Cascadas de hielo y escaladores
Ahora comienza la parte más dura de la ascensión, una empinada pendiente de rocas muy inestables que te hacen afinar la atención para no rodar ladera abajo o no desencadenar una caída masiva de rocas. Además, hay hielo y zonas de nieve dura intermitentemente, en las cuales nos calzamos los crampones para evitar sustos (y por que no decirlo, para practicar un poco).

La falta de nieve continua hace que aumente la peligrosidad
Superando la zona de mayor pendiente, las rocas siguen, ya cubiertas de nieve muy irregular. Antonio vuelve a ponerse los crampones y yo me entretengo practicando haciendo escalones con el piolet (asi tengo los brazos yo hoy...). Admirando las vistas que nos ofrece el valle del Lozoya, alcanzamos la cima de la Cabeza de Hierro Mayor, con su particular monolito cimero.
Siempre me han encantado las vistas de la Pedriza del Manzanares desde aqui, y una vez abrigados ya que aqui se nota más el frío y el sol parece haber desaparecido tras la bruma, damos buena cuenta de la torta de anis de Venta Marcelino. A estas altura ya eramos conscientes de que volver a casa a comer era imposible, con lo que avisamos en nuestras respectivas casas y decidimos, en vez de volver por donde habíamos venido, hacer la ruta circular.

La Pedriza desde Cabezas de Hierro Mayor
Siguiendo la cuerda larga por donde ya habíamos ido meses antes, pero en sentido contrario, bajamos al collado entre las cabezas para trepar hacia la cima de la Cabeza de Hierro menor y acto seguido bajar al collado de Valdemartín. La subida hacia el cerro se me hizo muy larga por el desnivel acumulado y por un inoportuno tirón que me atacó en el cuadriceps de la pierna izquierda. Afortunadamente se disipó en un rato y pudimos continuar sin problemas hasta la cumbre, donde, tras ponernos los crampones para mayor facilidad y ahorro de tiempo, bajamos la helada ladera de Valdemartín hacia las pistas de esquí de la fantasmagórica estación de Valdesquí.
Primero por una helada senda horizontal y luego bajando por una "pista" poblada de piornos nos acercamos hasta la entrada de la estación donde un cartel de "Cuidado: Perros peligrosos" y una verja cerrada nos hizo temer por el fin de la ruta. Sin embargo, los perros estaban tras una valla y la verja abierta, con lo que sin mayores problemas llegamos a la carretera y recorrimos los 2,5 km hasta el parking de Cotos a una velocidad de crucero.

Tras la correspondiente caña al sol de Venta Marcelino y dirigiendo la mirada hacia la cumbre que acababamos de conquistar, nos metimos en el coche y volvimos a bajar a Madrid.

La satisfacción del trabajo bien hecho
Como resumen, una preciosa y sobretodo poco transitada ruta que nos permite subir a una de las principales cumbres de la Sierra por su lado más agreste. Si no se quiere tanto desnivel, la primera parte de la ruta por el bosque es una gran opción. Podríamos haber subido sin crampones y piolet, pero en cuanto nieve un poco más (que esperemos que sea pronto) éstos son imprescindibles. Dura por la pendiente a salvar al subir a Cabezas y por la duración general. A nosotros nos llevó unas 5 horas con paradas incluidas y a buen ritmo (para bien o para mal no sabemos llevar otro...). Precaución en la zona entre los pulmones de Cabezas para evitar caidas o desprendimientos.

domingo, 2 de octubre de 2011

Singapur - Malasia - Indonesia Días 16 y 17 (y fin)


 6 de Agosto: De relax en Singapur y el Marina Bay como colofón

Back to the beginning
 Nos echamos una siesta (porque eso de dormir 3 horas y pico no es dormir) y nos montamos en el taxi que nos llevaría al aeropuerto. A esas horas había poco tráfico y además el aeropuerto estaba al lado, así que llegamos en poco tiempo. Estaba todo cerrado, a diferencia del de Kuala Lumpur así que pasamos los controles de seguridad, sacamos las tarjetas de embarque (de papel por ser Air Asia) y, con Lucas cabreado porque no había tomado un café (jodido loco) facturamos y fuimos en dirección a la puerta de embarque. Para alivio de Lucas, allí si había cafeterías abiertas y nos tomamos un bollo y un café, con Jorge acompañándonos con un Gatorade. A la hora convenida, cogimos nuestro avión y tras dos horas de sueño casi ininterrumpido (excepto el ciborg, que dormitó 32 segundos exactos) aterrizábamos de nuevo en Singapur, viendo desde el aire las islas verdes que la rodean. ¡De vuelta a la civilización, que gustazo! El magnífico aeropuerto de la ciudad estado nos recibió y tras coger un tren que te lleva de terminal a terminal esta vez nos desplazamos hacia el hotel en el metro que ya conocíamos. Sacando los billetes en las leeeentas máquinas expendedoras llegamos en un pis-pas a Lavender, estación situada justo al lado del V Hotel que, para variar estaba lleno de chinos en el Hall. Las habitaciones estaban disponibles a pesar de ser las 11 de la mañana y subimos.

Pablo y yo queríamos ir a dar una vuelta pero los otros 3 no estaban muy por la labor, asi que mientras que ellos se echaban una siesta nosotros dos nos fuimos a Little India bajo un calor infernal. Antes desayunamos en el patio de comidas de abajo, unos bollitos y unos cafés. Sin embargo yo me atreví con una especie de tortilla de gambas enorme que me estaba llamando. La cosa picaba tanto que tras dos mordiscos la tire a la basura y, buscando una servilleta que nadie tenía me arrepentí claaaramente de haberme metido eso en la boca.
 
Meeeek, error, no ingerir ni introducir en la boca
Vimos un templo indio en las cercanías del hotel y cogimos el metro que, tras 2 transbordos y 15 minutos de agradable aire acondicionado, nos dejó en Little India. Repleto de restaurantes y tiendas de oro, tiene bastante más carácter que Chinatown. Pasamos a un templo hindú con la típica torre encima de la puerta principal y olisqueando entre puestos compramos un candado y dos aceites aromáticos por un dólar de Singapur. Cambiamos dinero y dimos una vuelta hasta volver al metro y tomar la dirección hacia el hotel.

Un templo indio en Little India
Los encontramos recién despiertos y bajamos al patio mágico de comidas (Kopitai o algo así) donde cada uno se decantó por un plato aunque claramente mayoritaria fue la opción del arroz con pollo clásico. Yo me comí un plato chino muy rico. Al acabar, subimos a la piscina del hotel mientras que Dueño se echaba una merecida siesta. La pisci estaba muy bien, con algún chino que otro jodiendo pero unas tumbonas muy cómodas y un solecito tropical que no dudamos en aprovechar. Lucas, nada amigo de normas, se saltó todas las que pudo mientras que nos remojábamos en la piscina salvando las horas de más calor, en las que era un completo suicidio hacer turismo. Cuando el calor empezó a remitir subimos a las habitaciones y tras una ducha y un cambio de ropa un poco más elegante para los estándares del viaje nos dirigimos hacia el centro financiero. 
 
Allí, dimos una vuelta admirando el Skyline de la ciudad iluminado y maravillándonos de una ciudad que es un milagro económico y uno de los 4 dragones de Asia. Un entrante del mar hace la función de lago, alrededor del cual se planea construir un cerco de rascacielos. Aún con el plan lejos de terminarse, la vista es espectacular, con varias zonas de rascacielos y edificios singulares (una noria entre ellos) que el Marina Bay preside sin lugar a dudas. Y ese era nuestro principal destino, el Marina Bay y en especial, su casino. Sin embargo, antes de llegar al casino pero ya dentro del complejo te ves inmerso en un grandísimo centro comercial con todas las tiendas de lujo imaginables que hizo las delicias sobretodo de Lucas y Villa.

Marina Bay
Skyline singapureño
Al entrar al Casino nos sorprendió que la entrada para los occidentales fuese gratuita y cambiamos cada uno unos 20-30 € (menos Lucas, que fueron algo más) y buscamos las ruletas para hacer un poco el moñas. Lucas llevó la voz cantante y nos ayudaba con sus consejos después de haber estado 7 días en Las Vegas. A pesar de ellos, ni la estrategia de estudio concienciudo de Dueñas y Villa, ni la encomendación a Dioses profanos como el 7 de España de Nova y mía dio resultado, y mucho menos la táctica de pro de Lucas. A los 40 minutos, todos a tomar por culo desfilando por la puerta de salida. Pero bueno, fue folklórico ver como se juegan la pasta los chinos.

Desfallecidos por el hambre fuimos recorriendo el centro comercial buscando un sitio que se adecuase a nuestro presupuesto hasta encontrarlo en…una hamburguesería. Pedimos unas patatas y unas burguesas, incluido Nova que no pudo contenerse y que seguramente se arrepintiera luego. No estaban mal pero tampoco eran gran cosa. Eso sí, Lucas evitó que les pusieran a él y a Dueño los restos del Sprite que quedaba en la bolsa de polvos solubles. Al lado del restaurante había una pista de patinaje sobre hielo y nos quedamos viendo un poco las toñas que los niños se pegaban.

Queríamos subir a lo alto del Marina Bay y sopesando las opciones nos decantamos por el KuDeTa en lo alto del edificio. Sin embargo, nuestros planes se vieron truncados cuando una amable señorita nos comentó que la consumición mínima eran 50 $S. Sintiendo envidia de la fauna que subía a la discoteca, ya casi habíamos perdido la esperanza cuando Lucas fue a hablar con la relaciones/puerta y le comentó que podíamos subir sin pagar al bar situado al lado de la discoteca. Pues ale, si no podíamos subir a lo rico, subiríamos a lo pobre. Arriba, separados claramente de la gente pudiente disfrutamos de las maravillosas vistas de la ciudad por un módico precio de 0 $. La piscina no la logramos ver, pero queda pendiente para otra visita a la ciudad, ya que debe ser única en el mundo. Bajamos y cogimos un par de taxis (de los baratos, ya que los caros son eso, más caros) y nos plantamos en el V hotel en menos que canta un gallo. Tras unos problemillas de Nova y Dueño con su taxista, nos retiramos a descansar en la última noche del viaje.

7 de Agosto: Para acabar…vuelta al Santuario Poya-Poya

Tras una buena sobada para terminar el viaje y afrontar el duro viaje de vuelta con fuerzas y ganas, nos levantamos para descubrir que las pruebas de Nova con su estomago no habían sido satisfactorias y que estaba peor que el día anterior. En el rato que estaba fuera del baño se bebía un suero que Dueñas había traído en su botiquín, el cual rivalizaba en dimensiones con el que el tío Liza suele llevar a los viajes. Fue todo lo que su maltrecho cuerpo ingeriría hasta la llegada a Madrid. El resto bajamos a desayunar y nos metimos entre pecho y espalda unos bollitos bien ricos en un puesto de debajo del hotel. Aumentamos la hora del checkout hasta las 15:00 pagando unos dólares de más, ya que cuanto más tiempo estuviese Nova en la cama mejor se iba a encontrar luego. 
 
Dejando al pobre enfermo en el hotel, los otros 4 integrantes nos desplazamos hasta Chinatown para hacer las últimas compras antes de volver a Madrid. En Metro llegamos bien rápido y a la búsqueda de relojes de palo para que Lucas se hiciese con algunos. Cuál fue su sorpresa al descubrir que a cualquiera que preguntase le decía que no iba a encontrar nada ya que acabarían en la cárcel en un abrir y cerrar de ojos. Singapur es muy limpia y muy ordenada, pero en ciertos aspectos es una desventaja, ya que pierde lo que el Sureste asiático tiene de caótico y por momentos es una ciudad aburrida. Recorrimos de nuevo las calles principales de Chinatown pero todo era una mierda bastante interesante y lo único que compramos fueron unos imanes para la chavalada que nos esperaba a la vuelta. Con poco más que hacer en Singapur, se nos encendió la bombilla y decidimos volver a visitar el santuario del diente de Buda para ver si los monjes seguían con su letanía. Y efectivamente, aunque habían cambiado la letra, los tíos seguían recitando su mantra sin fin, con la salvedad de que ahora los fieles iban vestidos de negro. Dimos una vuelta leyendo los textos sobre Buda e hicimos unas últimas fotos.
 
Cerrando el circulo del viaje
Cogimos de nuevo el metro y fuimos hasta el centro colonial ya que yo me puse un poco pesado con ver el famoso Hotel Raffles, símbolo del poder colonial británico en los siglos XIX y XX. Tras atravesar un moderno centro comercial salimos a la calle y allí estaba, el hotel Raffles que no deja de ser un modesto edificio colonial con más importancia por lo que significa que por lo que realmente es. 
 
Raffles Hotel, más por su significado que por lo que realmente es
Tachada esta visita del plan de viaje, volvimos al hotel ya que se acercaba la hora del check out. Allí descubrimos al Nova, algo repuesto ya de su debilidad aunque no para muchos trotes. Sacamos las maletas y nos las guardaron en la recepción y nos fuimos a comer al patio de comidas. Arroz, pollo, pollo y arroz, vamos, lo típico y mientras que echábamos cuentas y hacíamos un resumen del viaje, se nos hizo la hora y con los bártulos a cuestas, cogimos esta vez si el metro hasta el aeropuerto, listos para pasar unas horitas en el moderno y cómodo aeropuerto de Singapur. Unas visitas a la tienda Apple para fliparnos con el iPad, un paso por un baño más limpio que el de nuestra propia casa y la llamada del vuelo de Qatar Airways significó el fin de nuestra estancia en el SE asiático y el comienzo de unas 21 horas de viaje muy coñazo sólo amenizadas por la bendita tablet de Qatar.