Abro un paréntesis en el diario de viaje para poner un video que de verdad te hace sentir simpatía por las personas.
Entre tanto indeseable que te hace desear ser cualquier otro animal menos el ser humano, aún queda gente capaz de perseguir una meta hasta el final y hacerlo con una sonrisa y unas ganas de vivir envidiables. Y si encima compartes con él nacionalidad y ciudad...
Carlos Soria, un héroe.
viernes, 16 de septiembre de 2011
jueves, 15 de septiembre de 2011
Singapur - Malasia - Indonesia Día 12
2 de Agosto: Comienzo de las vacaciones según Villamor con un gran chasco
Amanecimos muy pronto y esta vez nos tocó a Dueño y a mi sufrir la alarma del holocausto nuclear del iPhone de Lucas. Desayunamos un frugal desayuno sin mucha hambre ya que eran las 06:00 de la mañana, cogimos el equipaje y nos montamos en la furgoneta – minibús que nos había venido a buscar a la puerta del alojamiento. Decir que el hotel (Sari Wangi Cottages) es típico de Indonesia, con partes muy cuidadas y agradables al lado de trozos o espacios que dejan mucho que desear. En este caso el baño era muy cutre, con una decoración y ambiente salvaje que incluía todo tipo de insectos y otros animales en los cuales preferimos no pensar mucho durante la noche. Sin embargo la habitación era muy grande y las vistas y la piscina dejaban un buen sabor de boca.
El microbús fue recogiendo a más gente, un par de americanos y una pareja de españolas con una pinta un poco de bolleras con las que intercambiamos algunas palabras. El destino final era Padang Bai, en el E de Bali desde donde saldría el ferry rápido que nos dejaría en Gili Trawagan en una hora y pico. El camino nos dejó ver que las autopistas también existen en Indonesia, ya que la primera que vimos en todo el país estaba en el E de Bali. Llegamos al puerto e intercambiamos nuestra factura de compra por los billetes del barco. Dejamos nuestro equipaje para que lo llevaran al barco y nos dispusimos a esperar a que éste zarpara. Hablando con las españolas, que resultaron ser de Zaragoza, nos dimos cuenta de que nos habían timado con el billete, ya que ellas lo habían sacado por 750000 cada una y eso siendo sólo 2. También nos dijeron ¡que llevaban 15 días en Bali! Que vale que nuestros 3 días se quedaban cortos, pero pasar 15 en Bali te debe dar para conocerte cada pueblacho de la isla.![]() |
| Localización de las Gili de izq a dcha, Trawagan, Meno y Air |
Embarcamos con un poco de miedo al mareo (lo digo por mi mismo) ya que en experiencias previas de este mismo tipo (barco pequeño y trayecto de mas de una hora) había acabado con la cabeza por la borda potando todo lo que había comido. No es una sensación nada agradable, lo aseguro. Con estos precedentes, me apresuré a coger un sitio junto a la ventana para que me diese el aire y Villa se colocó a mi lado mientras que Lucas, Pablo y Nova copaban un banco 3 filas mas adelante. La planificación resultó ser horrenda ya que no cabía todo el mundo en los bancos e incluso una pareja con unos niños pequeños tuvo que sentarse en las escaleras de acceso. Lucas, el aguililla se posicionó en la poca cubierta que había, en previsión de que diese más aire y más sol para ponerse (aún) más moreno. En cuanto arrancó el barco tuve que cerrar la ventana ya que entraba mucha agua y nos dimos cuenta de que en el interior del barco iba a hacer mucho calor. Los que se habían sentado en cubierta no tardaron en bajar ya que el agua les empapaba con cada movimiento del barco. Afortunadamente el mar estaba tranquilo y pudimos tener un viaje idem, salvo unos minutos de miedo de Villamor, que salvó sin problemas poniéndose a leer. Sin embargo, algún pasajero no pensó lo mismo y acabó potando por la borda además de empapado ya que sólo se podía potar desde la cubierta.
Paramos primero en Lombok, donde se bajaron una pareja de franceses con la mujer ya al borde de la pota y pudimos ver una playita paradisiaca de la isla vecina a Bali, que dejaremos para otro viaje. Las Gili ya se asomaban en el horizonte, y en 10 minutos atracamos en la mayor, Gili Trawagan, conversando con unas flamencas en perfecto castellano.
| El embarcadero de Lombok |
El agua era cristalina y todos nos emocionamos mucho imaginando los 3 días que teníamos por delante: sol, playa, buceo y fiesta nocturna. Ya habíamos reservado en el Pesona Resort, y nos dirigimos directos hacia él ignorando a los lugareños que nos ofrecían sus alojamientos. Nada más llegar nos invitaron a una bebida y nos avisaron de que nuestras habitaciones aún no estaban listas (eran algo más de las 11:00). Nos cambiamos, hicimos el check-in y nos fuimos andando a nuestro primer bañito. Eligiendo mal para variar, fuimos hacia el Sur, en dirección contraria al embarcadero, donde tras 10 minutos andando sólo encontramos playas con el agua revuelta y sucia. Hacía mucho calor y cada cambio de lugar que hacíamos era un infierno así que el cabreo empezó a aflorar. No encontrábamos un sitio decente donde caer muertos, así que volvimos a la zona del hotel, donde alquilamos unas bicis un poco de gays por un buen precio que nos hicieron la vida mucho más cómoda en la isla los tres siguientes días. En las Gili te intentan timar continuamente, con lo que hay que estar ojo avizor y regatear hasta el dolor para que no te timen demasiado (porque timarte te timan siempre). Ya con nuestras bicis fuimos a la playa al Norte del embarcadero, con mucha gente pero con aguas más tranquilas y limpias.
Por fin relajados en la playa nos pegamos unos baños, compramos unas cervecitas y nos dedicamos a tocarnos los huevos un rato largo. Los inquietos Nova, Lucas y yo nos fuimos a dar un paseo hacia el Norte, viendo multitud de gente haciendo snorkel y disfrutando las maravillosas vistas de Lombok y las otras Gili. El agua era transparente completamente y nos dimos un baño con cuidado de no dejarnos los pies en el coral que circunda la isla.
Al cabo de un largo tiempo, decidimos que ya estábamos hartos de sol y azuzados por el hambre, nos sentamos a comer en un restaurante en la playa, en concreto uno alemán. Lucas degustó un suculento sándwich de salmón y Dueñas una buena salchicha alemana de las que tanto le gustan mientras que los otros tres comíamos una rrrica burguesa, unos de carne y otros de pollo. Después de comer y con el cielo un poco nublado, en vez de volver a la playa, nos dirigimos al hotel para tomar posesión de las habitaciones y tirarnos en la piscina. Las habitaciones, aún siendo bastante mas cutres de lo que esperábamos, no estaban mal, y las instalaciones otra vez volvían a ser lo mejor de todo el resort. Cogimos una tumbona cada uno y mientras unos dormían, otros leíamos tranquilamente Bintang en mano y nos bañábamos en la piscina. Otro par de horitas de descanso que no venían nada mal después de la paliza de viaje que nos estábamos pegando.
| ¡Por fin! ¡Vacaciones! |
Sudorosos pero satisfechos, volvimos a encontrarnos con estos en el hotel donde nos pusimos en marcha para las duchas y preparación para cenar con el horario anglosajón que rige la isla. Obviamente los primeros fuimos Nova, Dueñas y yo, y mientras Villa y Lucas hacían no se qué juntitos, abrí una guía de Bali, Lombok y las Gili y me puse a leer. Y entonces llegó la amarga sorpresa del viaje…Resulta que las islas Gili son el paraíso de la fiesta durante casi todo el año. ¿Casi? En efecto, porque, como en Lombok, la religión mayoritaria en las islas es la musulmana y, como muestra de respeto a la población local, durante el Ramadán los bares anulan toda la fiesta que albergan durante el año. Y si, en efecto, no solo estábamos en Ramadán, sino que acababa de empezar el día anterior, 1 de Agosto. Así que, tras contarle el chasco a Villa y Lucas y que este último lo comprobara preguntándolo a la dueña del resort, cabizbajos y con sonrisa de gilipollas nos dirigimos a cenar, que eso si que era posible. Como no nos íbamos a gastar mucho en beber, decidimos pegarnos un homenaje y cenar pescado en uno de los múltiples restaurantes que ofrecían pescado fresco a la parrilla. Dueño y Nova prefirieron dejarlo a un lado, pero Villa y Lucas se tomaron un filete de atún con muy buena pinta y yo opté por un Snapper también bastante rico que acompañamos con un calamar plancha. Además el pescado incluía buffet de ensalada, con lo que nos pusimos como el Kiko a un módico precio de 10 euros. Tras la cena, paramos en un irlandés que era el corazón de la fiesta en Gili, para leer en los carteles colgados por todas partes que la música acabaría a las 23:00 por el dichoso Ramadán. Sin embargo, nos dio tiempo a probar unos ricos mojitos locales que nos entonaron un poco y lo pasamos bien hasta que la música paró. Seguían sirviendo alcohol, pero la música es importante y la gente que al principio abarrotaba el bar empezaba a desfilar hacia sus hoteles. Aceptando la derrota y cansados de un día que había empezado pronto, nos fuimos al hotel donde nos dormimos rápidamente.
Nota: Como vereis, las fotos de este día no merecen mucho la pena, pero es que no hicimos casi nada, descansar, tomar cerveza y bañarnos. Poco que fotografiar, sinceramente.
martes, 13 de septiembre de 2011
Singapur - Malasia - Indonesia Día 11
1 de Agosto: Cabreo en el templo madre y masaje con “Sad Ending”
Otro bañito en la piscina mágica para comenzar el día y otras tortitas de plátano con café con leche y fruta para recargar energía. Qué lástima que fuese el último día de disfrutar de este hotelazo y que nos tuviesemos que ir, porque era un sitio para quedarte allí una semana entera disfrutando de la piscina y las instalaciones del hotel, mientras que descubres la isla con calma montado en tu moto y viendo templos y pueblos. Sin embargo nosotros sólo tenemos dos días, así que teníamos que coger la moto sin más retraso y lanzarnos esta vez hacia el lago Danau Batur, situado en la caldera del volcán para luego bajar al templo Besakih y el Tirta Empul. Todo eso antes de las 15:00, ya que habíamos quedado a comer con los otros dos integrantes del grupo, que dedicarían la mañana a darse un masaje y vagabundear en la piscina.
Pero antes de salir de ruta, fuimos a ver el nuevo hotel donde nos habían conseguido alojamiento. Estaba al final de un callejón que salía de la misma calle que el actual hotel y las habitaciones estaban bastante bien, pese a no ser ni mucho menos del mismo nivel del Taman Sakti. El encargado se comprometió a venir a por nuestro equipaje y llevarlo a su hotel, así que una vez recogido todo, nos separamos de nuevo y emprendimos la marcha hacia el Norte, esta vez a una velocidad algo mayor y con la ruta más o menos clara en nuestras cabezas.
Discurriendo por carreteras en donde abundaban las tiendas de artesanía de todo tipo, fuimos quemando kilómetros y gastando gasolina hasta casi quedarnos sin ella. En un cruce paramos a preguntar el camino al lago y ya de paso Nova echó gasolina casera en su moto. Como hay millones de motos en el país y no hay demasiadas gasolineras, la gente acumula gasolina que guarda en botellas de litro (en especial de absolut vodka, no sabemos por qué) y las muestra a la puerta de sus casas. Parece ser que es muy común quedarse sin gasolina y acudir a esta gasolina “alegal” con lo que nosotros hicimos lo mismo y confiamos en la calidad del combustible. La moto no se quejó mucho así que muy mala no debía ser.
Con gasolina suficiente al menos para un rato más, proseguimos nuestro camino hasta llegar a la puerta de entrada al lago, donde te cobran una especie de peaje simplemente por pasar a la zona. Pagamos, hablamos amistosamente con un lugareño y accedimos al mirador, desde donde se contempla una maravillosa vista que almacenamos en las cámaras de fotos. Advertidos por la guía de que la zona es un sacadineros, nos bastó con la imagen de postal y nos dimos la vuelta cogiendo una carretera de montaña que salía a mano izquierda. La ruta era preciosa y discurría por un bosque con vistas al lago. La carretera tenía muchas curvas pero el firme estaba en buen estado con lo que disfrutamos mucho el camino y las vistas.
| El lago del crater que domina Bali |
El alemán seguía montaña arriba pasado lo que parecía la entrada principal del templo y en una bifurcación alejada ya del mogollón le perdimos y nos vimos obligados a parar. De manera completamente “casual” nos seguía una moto con dos lugareños ataviados con la ropa típica que nos ayudaron muy majos y nos conminaron a que les acompañásemos. Nosotros, reticentes ante tanta amabilidad y advertidos ya por la guía, pasamos de ellos y fuimos hacia donde nosotros pensábamos que estaba la entrada. Los dos listillos nos siguieron y de pronto empezaron con insistencia a decirnos que necesitábamos un sarong para entrar ya que era obligatorio. En otros templos, los sarongs los dan gratuitos con la entrada si es obligatorio para entrar, con lo que les miramos con desconfianza y pasamos de ellos. Su insistencia se tornó mala educación directamente, acusándonos de falta de respeto para su religión, cuando aún no habíamos entrado a ningún templo. Hartos del bombardeo de alquiladores de sarongs, preguntamos a unos cuantos y conseguimos bajar el precio a un cuarto y los alquilamos, aunque con grandes dudas de que de verdad fuese obligatorio.
| Un gayer en el templo madre. |
Sintiéndonos timados, entramos por fin a los templos, porque Besakih no es sólo uno, sino un conjunto de ellos situados en la falda de una colina. El principal de ellos tiene una entrada majestuosa, con estatuas situadas a ambos lados de una escalinata principal que da acceso al templo en sí. Acosados por vendedores de postales hicimos unas fotos y en el momento de intentar acceder al templo principal, nos asaltó otro de los peligros que anunciaba la guía. Resulta que dentro del templo estaban en una ceremonia (como todos en los que habíamos estado hasta ahora), y un supuesto guía decía que no podríamos entrar mientras que durara sin el acompañamiento de un local y que el amablemente se ofrecía por unas rupias. Como ya estábamos sobre aviso, le mandamos educadamente a la mierda pero no tuvimos huevos a entrar, ya que se situaron en la puerta impidiendo el paso y no era plan de montarla cuando uno está de visita. Así que nos dimos la vuelta y efectivamente, asqueados con el ambiente que se respiraba en el que se supone que es el templo mas importante de Bali, devolvimos el sarong y nos montamos en la moto, que afortunadamente estaba intacta. Acelerando a tope para salir del apestoso nido de timadores, emprendimos camino hacia el Sur, que el tiempo apremiaba.
Atravesamos pueblos muy típicos llenos de templos y nos cruzamos con grupos de niños que volvían del colegio en moto, a pesar de tener bastante menos de 16 años. Todos muy simpáticos nos saludaban, extrañados de ver a extranjeros en zonas tan profundas de la isla. Preguntando en cruces llegamos a un pueblo grande y tras mirar la guía, descubrimos que estábamos bastante cerca de un templo importante que habíamos descartado por la falta de tiempo. Nos lanzamos carretera abajo, guiados por mí y mi motinga, y atravesando algún valle lleno de palmeras y con escenarios tropicales de postal, llegamos finalmente al templo Tirta Empul. El guardia nos pilló cuando entrabamos por una puerta lateral y nos hizo pagar la entrada como a todo hijo de vecino. El templo es famoso por sus estanques y fuentes con peces y realmente es muy pintoresco y merece la pena la visita. Aquí sí que te daban un sarong a cambio de la voluntad, y nos vino bien esta visita para quitarnos el mal sabor de boca de la anterior, a pesar de que en este también había un buen número de turistas, sobre todo japos.
Atravesamos pueblos muy típicos llenos de templos y nos cruzamos con grupos de niños que volvían del colegio en moto, a pesar de tener bastante menos de 16 años. Todos muy simpáticos nos saludaban, extrañados de ver a extranjeros en zonas tan profundas de la isla. Preguntando en cruces llegamos a un pueblo grande y tras mirar la guía, descubrimos que estábamos bastante cerca de un templo importante que habíamos descartado por la falta de tiempo. Nos lanzamos carretera abajo, guiados por mí y mi motinga, y atravesando algún valle lleno de palmeras y con escenarios tropicales de postal, llegamos finalmente al templo Tirta Empul. El guardia nos pilló cuando entrabamos por una puerta lateral y nos hizo pagar la entrada como a todo hijo de vecino. El templo es famoso por sus estanques y fuentes con peces y realmente es muy pintoresco y merece la pena la visita. Aquí sí que te daban un sarong a cambio de la voluntad, y nos vino bien esta visita para quitarnos el mal sabor de boca de la anterior, a pesar de que en este también había un buen número de turistas, sobre todo japos.
| Tirta Empul, el templo de las fuentes y los caños (no el grupo de flamenquito) |
Con el poco tiempo del que disponíamos, volvimos a las motos para darnos cuenta de que estábamos también bastante cerca del restaurante donde habíamos quedado. Pasamos por un mercado de artesanía muy animado y un mirador sobre los arrozales muy concurrido por turistas y vendedores de souvenirs. Por fin llegamos al restaurante Café Kampur y, aparcando las motos, esperamos cervecita en mano a que llegaran Lucas y Villa, mientras que disfrutábamos del precioso paisaje que se veía desde el comedor del restaurante. Pablo pidió un coco que le sirvieron muy decorado y como aperitivo nos sirvieron unas hojas de árbol fritas que llenaban la tripa por lo menos. Sin embargo, cuánto hubiésemos pagado por unas aceitunitas y unas patatas…
Llegaron los dos rezagados, y nos contaron su día: un buen masaje balinés (sin happy ending) y luego unas horas de piscina en nuestro anterior hotel. Ah! Y dos anécdotas que merece la pena reflejar . Uno, la caída de Villa con la moto, que afortunadamente no tuvo consecuencias ya que iba a una velocidad casi negativa y se dejó caer en un arrozal, con lo que sólo se mojó y dos: la “mordida” que sufrió Lucas de la policía local tras girar en dirección prohibida delante de una comisaria entera. Aceptó las 50000 rupias que le sugerían y marchó libre sin cargos.
Llegaron los dos rezagados, y nos contaron su día: un buen masaje balinés (sin happy ending) y luego unas horas de piscina en nuestro anterior hotel. Ah! Y dos anécdotas que merece la pena reflejar . Uno, la caída de Villa con la moto, que afortunadamente no tuvo consecuencias ya que iba a una velocidad casi negativa y se dejó caer en un arrozal, con lo que sólo se mojó y dos: la “mordida” que sufrió Lucas de la policía local tras girar en dirección prohibida delante de una comisaria entera. Aceptó las 50000 rupias que le sugerían y marchó libre sin cargos.
| La vista desde el restaurante |
Con un hambre importante pedimos unos comida occidental y otros indonesia y otra ronda de cervecitas. Los del sándwich de pollo tuvieron lo que merecían, es decir, un sándwich de pollo clásico mientras que yo me pedí unas satay (brochetas) con la salsa de cacahuete típica y dueñas un pollo local. Pero lo mejor vino en los entrantes, y es que pedimos una delicia local, un gado-gado, que resultó ser una puta mierda aplastante compuesta por una especie de rollos de verdura envueltos en hojas y el repugnante tofú, que aquí tanto les gusta. Como salsas, una que picaba como el infierno y que le echamos a la ensalada que pidió Lucas pero que éste, demostrando que realmente no tiene paladar, ni notó. Tras disfrutar de las vistas (y del wifi) un rato más, nos dirigimos a Ubud, ya que tocaba compras y el mercadillo cerraba a las 18:00. Echamos gasolina y aparcamos cerca del palacio de Ubud y nos internamos en el mercadillo cuando ya muchos puestos habían cerrado y otros estaban en ello. Mejor, porque comprobamos que era todo mierda y que encima te intentaban timar como bellacos. Sólo Dueño compró unas perlas que pasaron la prueba de fuego (literalmente).
Dando un paseo por la calle principal (Monkey Forest Rd) la cosa mejoraba sensiblemente y poco a poco las compras fueron cayendo (pulseras, sarongs, etc…). La hora se acercaba así que fuimos a dejar las motos al sitio del alquiler, en perfectas condiciones aunque el cabrón no lo mereciese por la timada que nos había pegado. Nos cruzamos a la simpática pareja de holandeses del tour de los volcanes, que, sorprendentemente, seguían sonriendo y no parecían tener intención de asesinarnos después de la treta que les hicimos, fíjate tú que majos.
Y por fin, llegó el turno del masaje para los tres que no habíamos tenido ración de placer por la mañana. Copiando el sitio a Lucas y Villa cogimos sitio para media hora más tarde y mientras nos dimos una vuelta comprando más cosas. Lucas y Villa, que no tenían nada que hacer, fueron a por el segundo masaje, o mejor dicho, tratamiento facial. Personalmente, el masaje me decepcionó bastante, y no sólo porque me lo dieron en una sala con Nova al lado, sino porque no me hizo daño ni se metió a fondo con las zonas que tenía jodidas. Estuvo bien, duró una horita pero ni mucho menos fue una experiencia cojonuda, contrariamente a lo que Villa y Lucas dijeron. Happy Ending ni de coña, aunque Dueñas, que estaba en una sala aparte, apareció con una cara de satisfacción bastante sospechosa. Tras el masaje, un té y una piña y para fuera, embadurnados de aceite que aún no había conseguido quitarme ni con la ducha. Nos juntamos con los dos trollers del tratamiento facial y buscamos un sitio para cenar. De camino me compré una estatua de bronce de mi nuevo Dios, el elefante Ganesh. Optamos por cenar en un sitio de música en vivo, donde disfrutando de un concierto de Reggae y dimos buena cuenta de unas hamburguesas y el wifi del local. Al acabar, buscamos un taxi para que nos devolviese al hotel, que tras un regateo al estilo Rey conseguimos por un módico precio. Allí, Nova recogió la ropa lavada en el Taman Sakti y subimos hacia el callejón donde dormiríamos. Repartimos las habitaciones, comprobamos que el baño era una jungla llena de bichos y arañas de tamaño considerable y, preparándonos para el madrugón del día siguiente, nos sobamos.
Y por fin, llegó el turno del masaje para los tres que no habíamos tenido ración de placer por la mañana. Copiando el sitio a Lucas y Villa cogimos sitio para media hora más tarde y mientras nos dimos una vuelta comprando más cosas. Lucas y Villa, que no tenían nada que hacer, fueron a por el segundo masaje, o mejor dicho, tratamiento facial. Personalmente, el masaje me decepcionó bastante, y no sólo porque me lo dieron en una sala con Nova al lado, sino porque no me hizo daño ni se metió a fondo con las zonas que tenía jodidas. Estuvo bien, duró una horita pero ni mucho menos fue una experiencia cojonuda, contrariamente a lo que Villa y Lucas dijeron. Happy Ending ni de coña, aunque Dueñas, que estaba en una sala aparte, apareció con una cara de satisfacción bastante sospechosa. Tras el masaje, un té y una piña y para fuera, embadurnados de aceite que aún no había conseguido quitarme ni con la ducha. Nos juntamos con los dos trollers del tratamiento facial y buscamos un sitio para cenar. De camino me compré una estatua de bronce de mi nuevo Dios, el elefante Ganesh. Optamos por cenar en un sitio de música en vivo, donde disfrutando de un concierto de Reggae y dimos buena cuenta de unas hamburguesas y el wifi del local. Al acabar, buscamos un taxi para que nos devolviese al hotel, que tras un regateo al estilo Rey conseguimos por un módico precio. Allí, Nova recogió la ropa lavada en el Taman Sakti y subimos hacia el callejón donde dormiríamos. Repartimos las habitaciones, comprobamos que el baño era una jungla llena de bichos y arañas de tamaño considerable y, preparándonos para el madrugón del día siguiente, nos sobamos.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Singapur - Malasia - Indonesia Día 10
31 de Julio: “Tu al monte y yo a la playita” y el rally de Bali
Como en toda casa de bien, el servicio se levantó siempre antes y yo, que dormía plácidamente al lado de una ventana sin cortina ni persiana, a las 07:30 daba vueltas intranquilo en la cama cuando se me ocurrió una magnífica idea. Cogí mi libro, mi cámara de fotos, mi toalla y mi bañador y me acerqué a comprobar si la piscina era de verdad lo que la noche anterior presagiaba. Y era eso y mucho más. Me pegué un baño de los que hacen época, solo, con el sol tropical en la espalda y la cara y me puse a leer esperando a que los señoritos de la casa despertaran. Poco a poco fueron apareciendo, algunos dispuestos al baño y otros más remisos.
| La piscina del Taman Sakti |
| Nuestros vecinos del hotel |
A medidas que nos alejábamos de Ubud, la verdadera isla y su idiosincrasia se hacían más visibles a nuestros ojos, con rituales religiosos que invadían y cortaban las carreteras y agricultores que, encorvados sobre los campos, plantaban o recogían el arroz. En una parada para disfrutar del paisaje, un amable hombre con sus 2 hijos se paró con nosotros y, además de darnos las indicaciones para seguir a nuestro destino, nos comentó que la gente en el sur estaba mas harta del turista, pero que, en el centro y norte de la isla preguntáramos y hablásemos con la gente sin ninguna preocupación que es amable y muy dispuesta a ayudar al extranjero. También el tío estaba bastante mal de la vista ya que nos confundió al trío de amigos que éramos por una familia en la que faltaba la madre. Viendo a los imberbes de mis amigos está claro quién era el padre… Hay que decir que Bali está llena de occidentales, pero se concentran mayoritariamente en el Sur, en el horror de Kuta y entre el lujo de Seminyak y Nusa Dua. En cuanto te internas en la isla, y salvando el enclave de Ubud, no se ven apenas extranjeros, y los pueblos que te saltan al camino son como los de otra isla de indonesia, curiosos ante el viajero y agradables mientras que siguen su ritmo de vida, que en muchos casos lleva siendo el mismo desde milenios, sin que los sucesivos colonizadores que se han instalado en la isla hayan logrado cambiarlo sustancialmente.
Nos dirigíamos hacia el entorno del lago Bratán que está a una altura considerable y según ascendíamos por la carretera, las nubes iban cubriendo el cielo y la temperatura bajaba ostensiblemente. Preguntando a los locales se llega a Roma, lo que no te dicen es por donde, y en nuestro caso fue bajando y subiendo por un camino – carretera con infinidad de baches en el que incluso Dueñas se tuvo que bajar para que la moto de Nova pudiera continuar. Yo me cagaba en las carreteras de la isla, ya que mi nivel motero no era el idóneo para estos atajos. Pudimos ver cómo vive la gente en realidad, con pueblos enteros bañándose en los ríos sin pudor alguno y reuniones de hombres (con escopetas y machetes algunos de ellos). Por fin llegamos a una carretera principal y cogimos velocidad de crucero.
Admirando el paisaje hicimos un alto técnico en una tienda donde subimos a la terraza y nos tomamos unas coca-colas y un 100plus disfrutando del paisaje de montaña y arrozales en terraza. Reanudamos el camino y subimos un pequeño puerto de montaña, con bastante tráfico y niebla hasta llegar a la primera parada de nuestro tour, el Pura Ulur Danau Bratan, un templo madre de toda la isla situado a la orilla de un lago, en el que en días soleados se ve reflejado brindando una imagen mítica de Bali. Allí, los extranjeros volvieron a aparecer atraídos por los tour operadores y las escenas de las revistas de viajes. El templo es bonito, pero un poco despojado de su verdadera alma por los extranjeros que lo abarrotan, cosa que nos ocurrirá a menudo ya que es inevitable en una isla tan turística como Bali. Dimos una vuelta, hicimos las correspondientes fotos y fuimos testigos de una ceremonia local, en la que los diferentes grupos o familias realizan ofrendas a los dioses e incluso parecía que algunos de ellos se internaban en el lago en una barquita para hacerlas en medio del agua. La religiosidad en Bali te asalta en cada esquina o en cada arrozal, y no es un instrumento turístico, sino parte del alma ancestral de la única isla hinduista de Indonesia. El tiempo era brumoso y me atrevería a decir que frío, así que las chaquetas no nos vinieron nada mal. A esa misma hora, Lucas y Villa disfrutaban del sol en la playa de Kuta, alarmados por la falta de cocos al natural.
| Arrozales tipicos de Bali |
| Normas básicas de comportamiento |
Las misteriosas esculturas de guerreros y soldados que pueblan cada rincón de la isla parecen cobrar vida en este entorno y el lago, cubierto parcialmente por nenúfares bajo los que nadan peces, adquiere un aura mística que nos dejó con gran sabor de boca, pasando esta visita directamente al top de visitas del viaje. Devolvimos el sarong que nos prestaron gratuitamente y, con un hambre importante, nos lanzamos colina abajo a encontrar un sitio donde nos alimentaran.
| Pura Ulur Batukau, el templo entre la bruma |
| Nasi, Mie y Ayam Goreng |
Tras una parada para comprar unos helados y unas chocolatinas en un supermercado local, proseguimos la ruta hasta llegar al templo. Hordas de turistas, especialmente parejitas de luna de miel con el guía (decir que es una chorrada contratar un guía local en Bali, por cierto) inundaban las tiendas de souvenirs del mercado, que hacían que en vez del recogimiento habitual el templo vibrase con energía consumista. Nos encontramos con Lucas y Villa, que venían encantados de la playa de Kuta, después de haber comprobado que Sanur era un mojón. Rojos por el sol tropi-ecuatorial, por fin estaban satisfechos con sus vacaciones, pese a no haber visto ningún coco y si muchos surferos. De todos modos, la sonrisa les delataba y su zambullida en el mundo occidental (McPollo incluido) les había dejado bien satisfechos.
El templo es muy bonito, pero queda muy deslucido por las aglomeraciones y las constantes atracciones para sacar dinero al visitante. Niños pequeños te ofrecen postales al entrar mientras que de camino al templo tiendas de marcas occidentales te dejan bien clarito que no entras precisamente en un espacio de recogimiento y meditación. Pero la puesta de sol es de postal, y decidimos observarla desde una terraza de una bar puesta en lo alto de un acantilado, donde nos cobraron unas consumiciones a precio occidental.
| Puesta de sol en Tanah Lot |
Un poco tarde, bajamos de nuevo a Ubud para encontrar un sitio y cenar unas hamburguesas bien ricas regadas con unas Bintang. Cansados por el tute del día, subimos al hotel y nos sobamos preparando mentalmente la ruta que seguiríamos al día siguiente.
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